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ASSA 99
Sociedad
9 May 2021

La sorprendente historia del mayor festival aéreo internacional realizado en la Base de Morón

Por: Leandro Fernández Vivas.
En abril de 1999 se realizó un ambicioso festival aéreo que quiso competir con los más importantes del mundo y anclarse como un encuentro fijo en los años impares. Contó con la participación de decenas de empresas dedicadas a la aeronáutica y hasta con la Fuerza Aérea de Estados Unidos. “ASSA 99 fue un festival aéreo internacional a la altura del de Canadá o Chile”, contó su organizador a Castelar Digital.
El Mirage giró hacia el oeste poco después de sobrevolar la estación de Castelar de sur a norte. Con sus planos perpendiculares al horizonte mantuvo el viraje con fuertes fuerzas G positivas hasta lograr apuntar nuevamente hacia la pista de la Base Aérea Militar Morón, dibujando un círculo que lo llevó por sobre parte del Acceso Oeste, Ituzaingó y Merlo. Con el sol a sus espaldas, sobrevoló a baja altura parte de Castelar sur, se elevó y simuló un ataque contra la plataforma de la base. Apenas unos minutos atrás había despabilado al público de la tarde en el festival aéreo con un pasaje a alta velocidad acompañado unos metros atrás por otro veloz delta también proveniente de Tandil. Apuntó al centro de la plataforma, entre los hangares que parecían un hormiguero del que no dejaba de entrar y salir gente, describió una parábola como si rebotara en el colchón de público y aplicó la postcombustión para escapar cada vez más rápido hacia las nubes que se mantenían inmóviles sobre gran parte de la Zona Oeste. Entre los aviones que se exponían en tierra, un par de adolescentes quedaron en el punto mismo a donde señaló la nariz del Mirage al momento de enfilar contra la plataforma, el mismo sector que luego sintió el empuje del calor del motor del avión, que les hizo flamear la campera.

Entre el 21 y el 25 de abril de 1999 se realizó en la Base de Morón el Aviation Show South America 99 (ASSA 99), uno de los festivales aéreos más grandes y concurridos que se vivieron en el país. Con participación de aviones y helicópteros de todas las fuerzas de seguridad y defensa de la Argentina, de muchas aerolíneas, empresas, fábricas, escuelas de vuelo y delegaciones extranjeras. Aviones de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, la USAF, se codearon con otros históricos Veteranos de Malvinas, mientras en el cielo de Morón aviones de acrobacia pintaban con su humo azulino y maravillaban a los más chicos. Organizado por una empresa privada, dedicada a las exposiciones masivas, contó con todo lo bueno de las habituales Jornadas de Puertas Abiertas organizadas  por la Fuerza Aérea más representantes de la aviación comercial y deportiva de todo el globo. Una historia de esfuerzo, dedicación, temeridad y suerte que dio como resultado un espectáculo sin igual para todos los avioneros que pudieron asistir en los cinco días de show.

ASSA 99 fue un festival aéreo que según sus organizadores estuvo a la altura de los Air Show de todo el mundo y que buscaba competir con FIDAE, la Feria Internacional del Aire y del Espacio, que se realiza los años pares en Chile. “El Canada Air Show de Vancouver es el más parecido a lo que hicimos nosotros. Estuvimos a la altura del de Canadá o el de Chile”, contó orgulloso a Castelar Digital Raúl Emilio Ceconi, quien junto con Carlos Alberto Monferrer, dirigió MC Congresos, Ferias y Exposiciones, una empresa que durante 30 años lideró el mercado de eventos y ferias en todo el país. “Trabajamos en algo apasionante como es la organización de eventos, que te lleva por mundos infinitamente distintos unos de otros: de un salón de pesca deportiva a una exposición de lencería o a un congreso de controladores de tránsito aéreo, es muy apasionante. Empezamos en 1977 y cerramos en 2007, 30 años ya era suficiente”, recordó.

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La historia de ASSA 99 se remite a dos años antes cuando MC Congresos realizó Air Show 97, una exposición de aviación sin precedentes. En el Predio Ferial de Palermo, durante casi diez días un sinfín de empresas mostró sus productos y servicios. Aeropuertos, fabricantes de aeronaves, helicópteros y talleres aeronáuticos se reunieron en pleno centro de la Ciudad de Buenos Aires. Los 90 fueron una época de expansión de la industria aeronáutica comercial y general en toda la región de la mano de privatizaciones y concesiones que expandieron el mundo aeronáutico. Era terreno propicio para encuentros, congresos y festivales aéreos. “Siempre hice un paralelismo entre aviones, armas y automóviles porque son las cosas que a los hombres y mujeres nos fascinan. Nosotros organizábamos, como evento propio, la feria Armas. La primera la hicimos en el 91 en La Rural, que al principio tuvo un fuerte componente armamentístico con elementos del Ejército, de la Fuerza Aérea y de la Armada que se exhibían y cantidad de público que nos visitaba. Después fue más siguiendo el perfil de caza y pesca, tiro deportivo, pero siempre tiene su público. Hacíamos publicidad en una revista española de armas que dirigía Javier Taibo, el mismo que hace Airliners, la revista de habla española más importante de aeronáutica general. Con Javier estábamos tomando un café en la feria Armas y me dijo 'acá se van a privatizar los aeropuertos, quizás las aerolíneas, va a haber aperturas de negocios, ¿por qué no te pensás algo de eso?’, como a mí me gustaba, realmente bastó para que me diera ese toque, esa noche no dormí”, rememoró Ceconi. Así nació la primeria feria aeronáutica de MC Congresos, “hicimos Air Show 97 Exposición Internacional de Aviación Comercial, General y Aeropuertos, fue un gol de público, con miles de personas, aviones de pequeño porte que trajimos desde Aeroparque: una noche cortamos la Avenida Sarmiento y trajimos los aviones rodando hasta Palermo, La Rural fue socio nuestro en esa oportunidad, tiramos las rejas abajo y pasamos los aviones, fue una epopeya. Los helicópteros que tuvimos llegaron en vuelo y además teníamos un globo cautivo, había un adiestrador de helicópteros de Cicaré. Fue un éxito la feria. Terminado esto, dijimos hay que seguir”.

Los dos años posteriores Raúl Ceconi se dedicó a visitar los principales festivales aéreos de occidente, incluidos el París Air Show de Le Bourget, el Farnborough International Airshow del Reino Unido, el ILA de Berlín. También la FIDAE de Chile, la Convención en Vuelo de la Experimental Aircraft Association en Oshkosh, Estados Unidos y el Canadá Air Show, entre otros. Allí aprendió los detalles de los grandes festivales y generó los contactos para realizar en Argentina un show similar. “Conseguimos la participación de delegaciones de muchos países y representantes de todo el mundo. Fueron estos representantes los que nos sugirieron el nombre, porque Air Show son todos, el de París, el de Berlín, son Air Show, es el nombre genérico, entonces nos recomendaron Aviation Show South America. También nos señalaron hacerlo los años impares porque FIDAE en Chile se realizaba los años pares. Mirando desde el resto del planeta, Chile y Argentina están muy cerca como para que vengan dos veces en el año a exponer. Fueron recomendaciones con inteligencia, con perspicacia”.

Con Lockheed C-141 pero sin Mig 29
Según sus organizadores ASSA 99 estuvo a la altura de FIDAE o incluso de festivales aéreos como el de Canadá o similares a pesar de ser el primero de gran tamaño que realizaban. Empero, la organización debió enfrentar algunos contratiempos, internos y externos, que limitaron algunas participaciones. A diferencia de otros festivales de la región, ASSA cobró entrada. Al ser un evento comercial organizado por una empresa privada y con gran participación del ámbito privado de la industria, se decidió cobrar el ingreso. El valor fue de $7 pero se consiguieron descuentos que reducían la tarifa a $5. Mirado en la distancia parece un valor irrisorio pero para la economía de los 90 y la paridad con el dólar sería, al cambio de hoy, una entrada, sin descuento, superior a los $600. El principal permiso conseguido por MC Congresos fue el de la Fuerza Aérea Argentina quien por medio del Comando de Regiones Aéreas administraba la aviación civil. Entonces, la Fuerza Aérea fue de los principales expositores en el lugar, con stands por cada una de sus dependencias, brigadas y especialidades y con shows aéreos que incluyeron a los novísimos, en esa época, A-4AR Fightinghawk, acrobacias a cargo de la Escuadrilla Cruz del Sur, equipada con Sukhoi 29, vertiginosos pasajes a cargo de los Mirage y Finger de la VI Brigada Aérea de Tandil, operaciones de aviones C-130 Hércules de la I Brigada Aérea de El Palomar, helicópteros artillados Hughes 500, Bell 212 y otros. En el mismo cielo se pudieron apreciar maniobras acrobáticas de Jorge Malattini en su Pitts, de helicópteros Bell 206 y Ecureuil y otras tantas aeronaves, principalmente civiles que se sumaban al show, de aerolíneas de la época, ya desaparecidas, como LAPA, Southern Winds y Dinar.

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En tierra la variedad fue aún mayor. Al despliegue de la Fuerza Aérea se le sumó el de otras fuerzas de seguridad y defensa. Frente al hall principal del aeródromo y a los hangares que hoy albergan al Museo Nacional de Aeronáutica se podían apreciar aviones IA-58 Pucará, A-4B y C Skyhawk recientemente desprogramados del servicio y con mucha historia ya que ambos habían combatido en Malvinas, Hércules C-130, Fokker 27, y otros. Por el Ejército había un esbelto Augusta 109 portando coheteras y ametralladoras, un negro mate Bell UH-1H, por Gendarmería se apreció un Pilatus Turbo Porter y helicópteros, por Prefectura un CASA 212. Además varios helicópteros policiales y sanitarios de distintas dependencias oficiales, principalmente del modelo Bo-105. Como principal atracción, el fin de semana se pudo conocer y recorrer un carguero gigante en su timón de cola portaba la bandera de Estados Unidos. Se trató de un Lockheed C-141 Starlifter, un avión de trasporte estratégico, pesado, con cuatro reactores debajo de sus alas y que no tenía comparación en tamaño en toda la feria, el público pudo conocerlo en su interior, recorriéndolo desde la cola hasta la nariz, luego de esperar en una larga fila. Completaban la muestra un sinfín de aeronaves civiles, deportivas, experimentales y comerciales como Fairchild Metro, Boeing 737, DHC Dash 8, MD-80, y más.

La propuesta la completaban dos hangares destinados a stands y muestras bajo techo. El pabellón de Estados Unidos fue de los más consultados, pero todas las empresas y fábricas, nacionales o extranjeras, tuvieron su espacio y cientos de consultas.

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El éxito del festival fue indiscutible. Miles de personas se acercaron cada día y las instalaciones se colmaron durante el fin de semana. Incluso miles de vecinos de la zona accedieron a la base por sectores no habilitados, ocupando pastizales en desuso detrás de la pista, alejados de la plataforma y los hangares pero con buena vista a los shows aéreos. A pesar del éxito, se podría haber logrado un festival aún mayor si se completaban las asistencias anunciadas en los días previos al show. Aún consta en los folletos y en las notas periodísticas de la época que se esperaba la participación de más aviones extranjeros, en especial de Estados Unidos y de Rusia. Desde el norte de América se esperaba la participación de dos Rockwell B-1 Lancer, bombarderos estratégico cuatrimotor supersónico con capacidades y prestaciones increíbles. Desde Rusia se esperaba la participación de aviones Mig 29, Sukhoi 30, helicópteros Mi8, aeronaves nunca vistas por esta región. Pero hubo dos sucesos que conspiraron en contra de ASSA 99. Una serie de escaramuzas bélicas en la ex Yugoslavia impidieron el despliegue de material militar sensible tanto de la USAF como de las fuerzas rusas. “Teníamos un fax que confirmaba la participación rusa. Era un fax con un listado increíble, que si se hubiera concretado no quiero pensar lo que hubiera sido. En el mes y algo entre el fax y el festival se diluyó el tema y no vinieron, pero hubiera sido la frutilla del poste”, recordó Ceconi. Además, la política local también tuvo otra escaramuza: “nosotros estábamos haciendo la feria absolutamente alejados de toda política, como un evento comercial, pero obviamente siempre se piden los auspicios. Tuvimos que pedirle el auspicio a la Municipalidad de Morón, que en ese momento la regía Juan Carlos Rousselot y coordinamos todo, pedimos que la municipalidad hiciera una señalización desde la autopista hasta el aeropuerto. Menos de un mes antes de la feria destituyeron a Rousselot y lo metieron preso. Vino una intervención y hubo que empezar todo de vuelta, nos corrieron mucho, nos obligó a distraernos de lo que era la organización y con miedo a que la clausuraran, pero no pasó, fue un éxito esplendoroso de gente”, completó.

6500 metros cuadrados bajo techo en los pabellones de exposición, 50 mil metros al aire libre, más de cien máquinas en exposición y un promedio de 50 mil personas por día. El esfuerzo valió la pena e impulsó a los organizadores en pensar en continuar con más festivales aéreos y transformar ASSA en una fecha obligada, en los años impares, que compitiera con FIDAE y otros festivales, pero los giros económicos del final de los noventa y cambios en la estructura de la aviación en el país dieron por tierra cualquier plan. Las ganas eran tan grandes que incluso en los folletos entregados en el 99 ya se anunciaba el tercer ASSA para el año 2001, algo que nunca llegó a concretarse. “A los dos años no pudimos repetir porque ya se sabía que la Fuerza Aérea iba a entregar la aviación civil y toda la década se fue en la privatización. Hasta que nació la Administración de Aviación Civil (ANAC) y la Empresa Argentina de navegación Aérea (EANA), en esa transformación se fue el tiempo y se perdió el rumbo. No se pudo hacer nada”.

MC Congresos siguió realizando festivales y eventos, incluso muchos exitosos también ligados a la aviación, pero ninguno de la magnitud que tuvo el festival aéreo de 1999 en Morón. Desde aquella vez se sucedieron otros shows en la Base de Morón y en la cercana I Brigada Aérea de El Palomar pero siempre con la Fuerza Aérea Argentina como anfitriona. Los más populares fueron el Air Fest 2010, fecha del Bicentenario Argentino en el que destacó la Esquadrilha da Fumaça de la Fuerza Aérea de Brasil, y el Argentina Vuela de 2014 que superó el millón de asistentes en un fin de semana.

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“Hoy se podría hacer. Hace unos años atrás estábamos detectando que había muchas ganas de hacer un evento así. Empezó la gente nueva de Anac y Eana y nos decían que querían hacer algo importante. Pero después vino el COVID. Me resisto a esperar que pase el Covid, sigo hablando con gente, de manera tal que cuando se termine la epidemia se pueda pensar en algo. No tenemos grandes fábricas como Boeing o Airbus, pero tenemos muchos vuelos y lo que genera la aviación civil es mucho. Además, fanáticos no faltan. Son como la mosca al dulce, donde haya aviones, fanáticos no van a faltar”, finalizó Raúl Ceconi.

El 25 de abril fue el último día de ASSA 99. Los fuegos artificiales fueron el acto final del encuentro avionero más grande de esos años. Los días posteriores, los aviones dispuestos en plataforma serían un pequeño show privado para los vecinos de Castelar cuando los vieron despegar e irse lejos del aeródromo que los aplaudió y disfrutó durante cinco días seguidos.

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Leandro Fernández Vivas

Leandro Fernández Vivas

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Técnico Universitario en Periodismo.
Director Periodístico en Castelar Digital.
Socio Fundador de Ocho Ojos.

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